jueves 15 de mayo de 2008

Manuel Arce. ochenta años de intensidad vital. Luis Alberto Salcines


RODANDO, de hombre en hombre,
sin saber cómo, he caído,
cayendo
en medio del mundo mismo

Manuel Arce



Hace unas semanas cumplía sus primeros ochenta años el escritor Manuel Arce. Coincidió la fecha con su estancia en Madrid y en esa ciudad, en la que pasa temporadas en las que aprovecha para ver exposiciones y saludar a amigos, celebró con su familia el feliz aniversario.

Manuel Arce nació en San Roque del Acebal en 1928, pequeño pueblo del oriente de Asturias próximo a Llanes. El paisaje de su infancia estaría presente luego en sus tres primeras novelas, Testamento en la Montaña, Pintado sobre el vacío y La tentación de vivir, como lo estaría más adelante la ciudad de Santander. Escribía en una ocasión refiriéndose a su paisaje de infancia:

“El punto crucial de esta geografía íntima lo constituye, por supuesto, el paisaje de San Roque del Acebal (en cuya estación de ferrocarril nací) y, por extensión, lo que yo llamo sus alrededores. O sea: desde el antiguo Molino del Río Purón, en el oriente, hasta la zona occidental de Posada. Éste es, por lo general, el escenario geográfico en cuya orografía y paisaje he situado la peripecia literaria de mis personajes. Debo confesar que también era éste el territorio de mis correrías infantiles y de mis primeras romerías. A nadie puede sorprender, por lo tanto, que éste fuese el paisaje primero de mis primeras obras literarias. No un paisaje inventado, sino un paisaje vivido. Y, dentro de la narración, un paisaje revivido. Recuperado por la memoria para alimentar la nostalgia del recuerdo”

A los ocho años se traslada a vivir a Santander, territorio literario de sus novelas posteriores. Desde muy joven comienza a escribir. Conoce a Julio Maruri, quien lee sus versos y le descubre la Generación del 27. A través del poeta de Las aves y los niños entraría a formar parte del grupo Proel a partir de 1945. Sería el miembro más joven.

En 1948 crea y dirige la revista y colección de libros La isla de los ratones, en la que publicarían las voces poéticas más importantes del siglo veinte español más algunas de la lírica universal.

En 1952 abre en la calle San José, con una exposición del pintor Benjamín Palencia, la galería Sur, en la que expondrían los artistas españoles más destacados de aquellos años. Allí se vieron las obras informalistas de los grupos El Paso, Dau al Set, la renovación figurativa que aportaron las Escuelas de Vallecas y de Madrid y, por supuesto, muchos artistas cántabros del momento, desde la generación de los sesenta hasta los que fueron creciendo con la galería. Algunos de ellos mostrando sus obras por primera vez. Así durante cuarenta y dos años. Para muchos espectadores la galería Sur significó la oportunidad de acercarse al arte contemporáneo, una ventana de aire fresco en medio del adocenado arte académico.

De la importancia de su trayectoria como galerista y como editor dan cumplida cuenta los libros Poesía española del medio siglo (La isla de los ratones) en 1991 y Sur. Un escenario para la Memoria, en 1998, editado el primero por Caja Cantabria y el segundo por el Museo de Bellas Artes de Santander, en los que se evocan algunos de los momentos más significativos de ambos proyectos, sorprendiéndole al lector que no tuvo ocasión de conocerlos, la cantidad y prestigio de los creadores, tanto poetas como artistas plásticos, así como la belleza de las cuidadas ediciones. Ambos libros fueron publicados paralelamente a las exposiciones que mostraban una parte del material que conserva Arce.

Sus primeros poemas aparecen en la revista leonesa Espadaña, publicando su primer libro a los veinte años en la Imprenta de los Hermanos Bedia. Sería el primer título que saliese del histórico taller. Entre sus libros más importantes se deben citar Sonetos de vida y propia muerte (1949), Llamada (1949), Carta de paz para un hombre extranjero (1951), Sombra de un amor (1952) y Biografía de un desconocido (1954).

¿Cómo era la poesía que escribía Manuel Arce en esos años? Él mismo la comenta: “Hacía una poesía un tanto contestataria. La llamada poesía social. Que era social, pero no política exactamente. Una poesía que luego fue tan vituperada. Era una poesía que hoy llamarían “de la experiencia”. Cosa que no deja de ser una etiqueta más. Porque de la experiencia del hombre nace toda obra de arte. De la experiencia, supongo, nace todo lo que se escribe”

En todos ellos el hombre es el protagonista de su poesía en la cuál se refleja el sentimiento que le provoca la mirada que dirige a una sociedad dura y en ocasiones sin esperanza. Para el también poeta Juan Antonio González Fuentes, una poesía “en la que la esperanza y la preocupación de carácter existencial por el ser humano, como individuo y como sujeto colectivo de la historia, son los asuntos principales, siendo además tratados estos asuntos casi siempre de forma analítica y huyendo de un lirismo que podríamos calificar de subjetivo”. El amor y la soledad están presentes asimismo en su obra.

En un momento determinado deja de escribir poesía y se introduce en el ámbito de la narrativa. “Hay una primera época en la que se solapan en mí las dos cosas. Sin dejar de escribir poesía empiezo a escribir novela”, señala Arce. Como recuerda que fue Miguel Delibes, que entonces veraneaba en Suances, quien le animó a escribir: “En una ocasión quiso saber si yo había vivido aquellas fatídicas noches del Febrero del 41. Y le conté nuestra experiencia familiar. Al terminar me dijo: Manolo, tú eres un narrador nato y lo que tienes que hacer es escribir novela con este tema. Te será facilísimo. Escribí tres o cuatro capítulos. Aquello me pareció tan anodino que destruí lo escrito. Sin embargo dentro de mí había quedado algo que me impulsaba a escribir en prosa. Y me puse a trabajar en un argumento que me rondaba la imaginación desde hacía tiempo. Escribí una novela titulada Cuatro palmos de tierra. Una novela que sigue inédita en una estantería del cuarto trastero y que nunca he vuelto a leer, pero que dio motivo a que escribiera otra cosa muy distinta, Testamento en la Montaña”.

Como novelista ha publicado Testamento en la Montaña (1956), con el que obtuvo el premio Concha Espina en Torrelavega, Pintado sobre el vacío (1958), La tentación de vivir (1961), Anzuelos para la lubina (1962), Oficio de muchachos (1963) y El precio de la derrota (1970), abordando temas difíciles para aquellos años como el suicidio, la fe y las dudas religiosas, la clandestinidad y las luchas políticas, y siempre con una preocupación por los temas sociales. Alguna de sus novelas ha sido llevada al cine, como Oficio de muchachos, si bien hay que decir que con no mucho acierto: mejor leer la novela.

Para abundar más en su actividad cultural, podemos citar su presencia como miembro de los jurados de diferentes premios poéticos de nuestra comunidad (José Hierro y Alegría del Ayuntamiento de Santander, Gerardo Diego de la Consejería de Cultura, entre otros): a él se debe la creación de los premios del Consejo Social de la Universidad para estudiantes cántabros creados durante su etapa de presidente de esta institución y que darían lugar a la colección del mismo nombre. Precisamente él fue el primer presidente del Consejo Social.

Este apretado recorrido biográfico, parece que es el balance de la intensa vida literaria de un autor al que se quiere hacer un homenaje por su brillante trayectoria. Y puede dar la impresión de que la persona homenajeada esté retirada en su casa mirando al mar, en al caso de Arce mirando la bahía santanderina, y evocando melancólicamente imágenes de su pasado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Manuel Arce cumple calendarios pero sigue mostrándose activo.

Más allá de recrearse en lo ya realizado, en los dos últimos años ha publicado dos nuevos trabajos. Por un lado, la novela El latido de la memoria, ambientada durante la guerra civil en Santander, y con la que obtuvo el premio Alarcos en Oviedo, donde reflexiona sobre el dolor, los odios y las venganzas en unas situaciones que nunca tenían que haber ocurrido.

Por otro lado, la antología Poesía del medio siglo en Cantabria: 1950-2000, un estudio de la lírica de nuestra comunidad que inicia con Gerardo Diego y llega hasta Miguel Sacristán como poeta más joven.

A estas publicaciones hay que añadir La isla de los ratones (hojas de poesía), la edición facsimilar que Visor Libros ha hecho de la revista. Un hermoso volumen de ochocientas páginas para bibliófilos y amantes de la poesía con el que se recupera la memoria de una de las aventuras editoriales más importante del siglo pasado en lengua castellana (1948-1955).

Pero el rayo creativo de Manuel Arce no cesa. Ahora está entregado en cuerpo y alma a una actividad que muchos amigos le han sugerido hace mucho tiempo basándose en dos de sus cualidades, la memoria y la antes mencionada capacidad narrativa (Manolo es de las personas que mejor saben contar historias que yo haya conocido): la redacción de sus memorias.

A partir de los cientos de cartas y fotografías que conserva y manteniendo entrevistas con algunos de los protagonistas del tiempo vivido y recuperado, está escribiendo páginas de un periodo de la cultura de Cantabria y de su propia vida, que serán muy útiles para los historiadores para conocer ese tiempo. Estoy seguro que en más de un momento se habrá emocionado, incluso alguna lágrima se le habrá escapado al surgir escenas y situaciones ya olvidadas que vuelven con toda la carga de lo intensamente vivido.

Y coincidiendo casi con su cumpleaños un verdadero regalo. La antología poética que le publica Icaria preparada por Juan Antonio González Fuentes, conocedor como pocos de su obra. Icaria, dirigida por el cántabro Jesús Ortiz Pérez del Molino, ya había editado una antología de Alejandro Gago, asimismo de González Fuentes, y el último libro de Fernando Gómez Aguilera.
La antología de Arce es una oportunidad de conocer en profundidad su obra poética, porque hasta ahora era casi inencontrable. Estoy seguro de que para más de uno será un verdadero descubrimiento.

Manolo, felicidades por las páginas de vida que sigues escribiendo.

miércoles 14 de mayo de 2008

Candles. Robert Nye

Escultura de Georges Grimal


Imanol Gómez me manda unas traducciones inéditas de Robert Nye, un poeta y narrador inglés que ha sido para mí un auténtico descubrimiento. Las iré publicando espaciadamente y espero que los visitantes de La Grúa disfruten también con ellas. Y por supuesto, felicito a Imanol por las traducciones y se las agradezco.


CANDLES

Vemos dos velas juntas derretirse
en su última hora preguntándonos si
cera y mecha se retuercen
de odio, codicia o incluso amor.
Un fuego así ilumina el pensamiento
mas un sabor a sebo deja.
Grasiento y ahumado el corazón insaciable
mantiene aún su brillo intacto;
un cristal duplicando cada llama brillante
procura más luz mas no exacta
a esta cuyo aroma sostiene
en las velas nuestra incandescencia.

martes 13 de mayo de 2008

Presentación de Sonetos del útero, de Óscar Curieses


Elena Galiano nos remite la siguiente nota:


El próximo sábado, 17 de mayo, a las siete de la tarde, se presentará en la Librería Gil de la Plaza de Pombo de Santander, el libro Sonetos del útero del poeta madrileño Óscar Curieses. Este autor ha colaborado recientemente con el primer número de la publicación digital Maisontine, revista de Arte y Cultura, que dirigen Elena Camacho, Marina Gurruchaga y Elena Galiano.

Nos gustaría mucho que pudieras acercarte al acto y compartieras ese momento con nosotros. Óscar nos leerá algunos de sus poemas y podremos charlar con él de poesía. Sabemos que estos no son quizá los mejores tiempos para la lírica, pero quisiéramos poder ser muchos el sábado y arropar a Óscar, que no tienen demasiados conocidos en Santander. Esto es lo que te podemos decir de él y de su libro:

Óscar Curieses nace en Madrid en 1972. Es Licenciado en Teoría de Literatura y Literatura Comparada, y Máster en Estudios Literarios (UCM). Obtuvo su DEA en Literatura y Artes Plásticas en esa misma universidad y próximamente leerá su tesis doctoral titulada Paul Auster y el cine: palabras de la imagen. En la actualidad trabaja como docente universitario para la Fundación IES (Chicago) con sede en Madrid y es el coordinador de los Talleres de Poesía de la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid. Es director de la editorial independiente Augur Libros que publicará sus primeros títulos en otoño de 2008. Su poesía aparece publicada en distintas revistas españolas y ha sido traducida al francés (revista Le Fram nº17). Parte de su obra se recogió en la antología Todo es poesía menos la poesía, 22 poetas desde Madrid (Eneida, 2004) y ha publicado hasta la fecha Sonetos del útero (Bartleby Editores, 2007). Asimismo es autor del libro inédito Soles de estiércol. Además, ha participado en varios espectáculos multidisciplinares como Biolencias, Cuerma y En el bosque del Quijote, estrenados en distintas salas de la Comunidad de Madrid.

En palabras de J.L. Gómez Toré, autor de la reseña de la edición de Bartleby Poesía, "Los Sonetos del útero nos ofrecen una experiencia del lenguaje como materia, pero también una vivencia del cuerpo como memoria y como lenguaje. La materia (como la propia poesía) se revela a un tiempo matriz y abismo, lugar de las metamorfosis donde se hermanan destrucción y creación. El diálogo que el autor establece con la tradición poética radicaliza la disolución del soneto ya presente en autores como Cummings o Neruda. Sonetos sin rima, sonetos que se deshacen para convertirse incluso en poemas en prosa, sonetos truncados por al propia voz que los teje, los Sonetos del útero nacen de una mirada que sabe que la poesía no es un discurso cerrado sobre sí mismo, sino ese lugar abierto que antecede a todo lenguaje".

Sonetos del útero ha sido presentado ya en Madrid, Barcelona y Murcia. Pueden leerse poemas y reseñas de Óscar Curieses en su propio su blog (http://www.cuerma.blogspot.com/) y también en el número 1 de Maisontine (http://www.maisontine.es/)

Presentación de El hombre divergente, de Marc. R. Soto


OS ESPERAMOS A LAS 20h. EN LA LIBRERÍA GIL DE HERNÁN CORTÉS


Presentación de El hombre divergente en Santander


El escritor Marc R. Soto presentará el próximo jueves, 15 de mayo, en Santander su nuevo libro, El hombre divergente, publicado recientemente por la editorial Grupo Ajec dentro de su colección Albemouth. El acto contará con la presencia de Carmen Pila, presidenta de la Sociedad Cántabra del Fantástico.
Marc R. Soto (Santander, 1976) está considerado como una de las promesas de la literatura de terror en España. Sus relatos, siempre apegados a una realidad cotidiana y perfectamente reconocible, han aparecido en la revista estadounidense Ellery Queen's Mistery Magazine, así como en antologías compartidas como Paura, Visiones, Artífex o Los nuevos de Alfaguara. Es autor de una antología de cuentos, Los muertos no caminan, y ganador de premios como el José Hierro, el premio Lituma o el Jóvenes Talentos Booket.
En este nuevo libro, Marc R. Soto nos ofrece una docena de relatos que, junto con la novela breve Mosquitos, se complementan entre sí para formar una sola historia, la historia de El hombre divergente.


MÁS INFORMACIÓN: http://www.marcrsoto.es/

lunes 12 de mayo de 2008

Microrrelato: La lluvia futura. Miguel Ibáñez

Fotograma de Stalker. Andrei Tarkovski


Un pájaro cruza la ventana.
Después otro.
Después otro, y otro más.
Y más…
Llega a hacerse monótono.
El hombre aparta su vista de la ventana y vuelve a posarla en la pantalla del Sistema Post-informático de Tratamiento de Datos.
Pero siente una punzada de melancolía: a veces echa de menos los tiempos antiguos, cuando llovía agua.

domingo 11 de mayo de 2008

La puerta de Volterra. Marina Gurruchaga

Paisaje en oscuridad. Vincent Van Gogh


El viernes se presentó en la librería Gil La puerta de Volterra, una recopilación de poemas de Marina Gurruchaga. A su labor como traductora de Hilde Domin me remitía hace poco, y habría que añadir al menos su traducción de cuatro poemas de Stefan George en la revista Ultramar (número 6-7). Sin duda, merecería la pena que alguna editorial seria se interesara por esas traducciones de poetas tan interesantes como poco difundidos en lengua española.


Pero hoy es la propia obra poética de Marina Gurruchaga la que nos ocupa. El libro tiene una buena introducción de Elena Galiano que le servirá de guía al lector, de manera que yo me limitaré a añadir aquí unas breves impresiones, al hilo de una primera lectura.


Tengo la opinión -simple y algo patética, como todas las opiniones lanzadas al aire de un blog o de una tertulia literaria- de que el simbolismo marcó definitivamente el rumbo de la poesía contemporánea, de manera que todas las corrientes de la poesía moderna se pueden reducir a dos: la que convierte el símbolo en el centro del texto (vanguardias, hermetismo...) y la que reacciona contra esa centralidad de lo simbólico intentando recuperar el lenguaje "natural", inmediatamente comunicativo (poesía social, poesía de la experiencia...)


Las dos tendencias se remiten al simbolismo de manera inevitable y casi trágica, ya sea para afirmarlo o para negarlo, para profundizar en sus caminos o para plantarse junto a la señal de Dirección obligatoria y gritar: de aquí no pasamos.


Pues bien, Marina escoge de manera definitiva y valiente la primera opción. Habla mediante la sugestión y la alusión, mediante el símbolo y la metáfora; pero lo que hace -y eso la distingue de tantos metaforizadores de oficio- es insertar su propio estilo en una tradición cultural. Me refiero a la tradición cristiana.


De esa tradición hereda una actitud en primer lugar: la que al menos desde Orígenes interpreta el mundo como un texto, legible a la luz del texto sagrado. Al ser iluminadas las cosas del mundo por esa luz adquieren un sentido nuevo, espiritual, y ese sentido espiritual es el que Marina indaga con su poesía.


En segundo lugar hereda un marco narrativo en el que sitúa su propia simbología. El lenguaje a veces difícil de Marina Gurruchaga no responde al capricho del poeta, sino a la necesidad de hablar de lo que está más allá de las palabras. Pero ese "más allá" no es el resultado de una mera especulación personal, sino la otra cara de la realidad, una realidad objetiva en la que el tiempo, la muerte y Dios son cauces, señales que delimitan ese marco narrativo -el de la caída y la redención- por el que fluye de manera natural el lenguaje poético. Ese cauce ayuda a objetivar el contenido de una poesía menos polisémica de lo que parece a simple vista.


En fin, ya hablaré con más detalle, y de forma menos atropellada, de la poesía de Marina. Hoy tan sólo me queda añadir un poema del libro, uno de los que más me han gustado porque aúna la riqueza simbólica de la que he hablado con una sencillez expresiva verdaderamente bella.




Han caído ya

Todas las manzanas.

Se han precipitado desde la bóveda azul y oro

De la tarde de diciembre.

Su gruesos cuerpos, tras de un instante

De júbilo en el fragor del viento,

Estallan sobre la blanda madre,

Sobre la tierra que ya no las conoce,

Ruedan entre la hierba humedecida,

Se preparan para la muerte que comienza.

Hay humo en el jardín,

Humo del tiempo que siempre se repite

Pues que pasa.

Ahora los manzanos se van ennegreciendo,

Sus ramas inmóviles como estandartes

De la noche, pacientemente otean

Sobre el muro las señales queridas.



sábado 10 de mayo de 2008

Principio y magnitud. Imanol Gómez

La mañana en el puerto. Claudio de Lorena


Los cuatro poemas que publicamos hoy pertenecen al libro Miradas de plomo, de Imanol Gómez.
Imanol es un poeta reflexivo que se sitúa a medio camino entre la poesía y la filosofía, o más bien adopta un punto de vista amplio que le permite utilizar el lenguaje poético para expresar un pensamiento hondo y elaborado, en el que siempre están presentes las cuestiones esenciales.
Aquí hemos publicado otros textos suyos -se puede acceder a ellos desde la sección de etiquetas- y esperamos seguir haciéndolo en el futuro: siempre es un honor contar con colaboradores así.
También se pueden leer en la red artículos suyos de crítica literaria. Entre ellos recomiendo, por lo que me atre el tema, La bohemia española, un trabajo interesante sobre los poetas bohemios de la época modernista.

Principio y magnitud

In my beginning is my end.
En mi principio está mi fin.
(T.S.Eliot, East Coker, I, The Waste Land)

I

En el principio acariciaba ya
con su destructora insinuación
fijeza en la pose, mano desmedida
los ribetes de un futuro estigma,
de una pasión menguada,
de un calendario obsoleto.
En el principio era ya la muerte
que descansaba,
sabia,
henchida.

II
Un sapo es un círculo, un sol hacia dentro.
(L .M .Panero)

En el principio era ya el pájaro
quien en las horas muertas
- las más productivas-
silbaba tonos pretéritos,
sones ancestrales
de la soledad del sapo
sollozando en su charca,
donde cree atisbar el futuro,
y en sus ojos
los húmedos crímenes del mundo.

III
En el principio era la materia
- oscuro asunto de filósofos-
lo desconocido,
y era el viento,
era la piedra que lo llamaba
con el agua y sus veneros,
el susurro mineral de la arcilla
y la madera
desde la que el hombre,
inventando el eco de un aullido,
se fue haciendo humano
para dar respuesta al
olvido de su origen
origen de su olvido.

En mi fin está mi principio.
In my end is my beginning.
(T .S .Eliot, East Coker, V, The Waste Land)

IV
Los hijos, según los padres
recrean el infinito.
Los padres, según los hijos
representan la cordura,
la presencia de lo finito.
Los padres y los hijos
infinitud de lo finito.

viernes 9 de mayo de 2008

Rumor oculto. Pablo García Baena

Paisaje impresionista. Cesáreo Bernaldo de Quirós.

Quiero que sea mi verso
como luna de abril,
como las rosas blancas,
como las hojas nuevas.
Que mi cítara suene
como el agua en la yedra,
que mi canto sea nada
para que lo sea todo
y que a mis versos caigan
heridas las estrellas.